¿Si se te cae un diente, te traerán dinero los ratones? ¿de dónde viene esa historia?

El cuento del famoso Ratón Pérez fue escrito por Luis Coloma y se publicó por primera vez en el año de 1902. Fué un regalo del autor al niño Rey Alfonso XIII. El padre Coloma era su profesor y a través de cuentos como éste, le guiaba…

PENSAMOS QUE ERA MEXICANO. 

Pero de este lado del charco, la tradición popular que tenemos de poner el diente bajo la almohada o dentro del zapato tiene su origen en las costumbres y creencias del México Prehispánico. Así es, nuestros ancestros tenían la creencia de que debían echar el diente en el agujero de los ratones o de otra manera no les saldría el nuevo diente.

Así lo dejó escrito Fray Bernardino de Sahagún, en Abusiones, Capitulo 37:

” Que cuando los muchachos mudaban los dientes, su madre o padre echaba el diente en el agujero de los ratones, o mandabalo echar. Decían que si no lo echaban en el agujero de los ratones, no nacería (el nuevo diente) y se quedaría desdentado” … 

 “estas abusiones empecen a la Fé y por eso conviene saberlas y predicar contra ellas. Hanse puesto estas pocas aunque hay muchas más… son como una sarna que enferma a la Fé”                                                                      

Fray Bernardino de Sahagún.

Dicho esto ni duda me cabe, que la historia del Ratón Pérez es producto del sincretismo cultural. Como resultado de haber tratado erradicar las creencias aztecas, estas se fueron a la Madre Patria  o que, ¿a ustedes no les parece demasiada coincidencia?  Ahí  me dirán si estoy equivocado, les dejo un fragmento de tan famoso cuento de mi pariente el Ratón Pérez, acompañados de bellos recuerdos de mi niñez, claro nunca supe la verdadera historia:

Á SU ALTEZA REAL EL SERENÍSIMO.

SEÑOR PRÍNCIPE DE ASTURIAS,

DON ALFONSO DE BORBÓN Y BATTENBERG. 

Señor:

Hace cerca de veinte años que escribí estas páginas para S. M. el Rey D. Alfonso XIII, vuestro augusto padre. Permitidme, Señor, que, al reimprimirlas hoy, las dedique á V. A., deseoso de que arraigue en vuestra alma, tan honda y fructuosamente como arraigó en vuestro padre, la sencilla y sublime idea de la verdadera fraternidad humana.

Que Dios bendiga á V. A. como de todo corazón lo pide diariamente, su affmo. en Cristo,

Luis Coloma, S. J.

…”Consta también que el rey Buby comenzó á reinar á los seis años bajo la tutela de su madre, señora muy prudentey cristiana, que guiaba sus pasos y velaba á su lado, comohace con todos los niños buenos el ángel de su guarda.

Pues sucedió, que comiendo un día el Rey unas sopitas, se le comenzó á menear un diente. Alarmóse la corte entera, y llegaron, uno en pos de otro, los médicos de Cámara. El caso era grave, pues todo indicaba que había llegado para S. M. la hora de mudar los dientes.

Reunióse en consulta toda la Facultad; telegrafióse á Charcot, por si venía complicación nerviosa, y decretóse alcabo sacar á S. M. el diente. Los médicos quisieron cloroformizarle, y el Presidente del Consejo sostuvo porfiadamente esta opinión, por ser él tan impresionable, que nunca dejaba de hacerlo cada vez que se cortaba el pelo.

Pero el rey Buby era animoso y valiente, y empeñóse en arrostrar el peligro cara á cara. Quiso, sin embargo, confesarse antes, porque faena hechano ocupa lugar, y después de todo, lo mismo puede escaparse el alma por la herida de una lanza, que porla mella de un diente.

Atáronle, pues, al suyo una hebra deseda encarnada, y el médico más anciano comenzó á tirar con tanto pulso y acierto, que á la mitad del empuje hizo el Rey un pucherito, y saltó el diente tan blanco, tan limpio y tan precioso como una perlita sin engaste.

Recogiólo en un azafate de oro el gentil hombre Grande de guardia, y fué ápresentarlo á S. M. la Reina. Convocó ésta al punto el Consejo de Ministros, y dividiéronse las opiniones.

Querían unos engarzar en oro el dientecito y guardarlo en el tesoro de la Corona; y proponían otros colocarlo en el centro de una rica joya, y regalarlo á la imagen de la Virgen, patrona del Reino. Pareceres ambos en que descubrían aquellos  ministros cortesanos, más bien el deseo de halagar á la madre, que el deservir á la Reina.

Mas esta Señora, que como mujer lista no fiaba de aduladores y era muy prudente y amiga de la tradición, resolvió que el rey Buby escribiese á Ratón Pérez una atenta carta, y pusiese aquella misma noche el diente debajo de su almohada, como ha sido y
es uso común y constante de todos los niños, desde que el mundo es mundo, sin que haya memoria de que nunca dejase el Ratón Pérez de venir á recoger el diente y á dejar en cambio un espléndido regalo.

Así lo hizo ya el justo Abel en sutiempo, y hasta el grandísimo pícaro de Caín puso su primer diente, amarillo y apestoso como uno de ajo, escondido entre la piel de perro negro que le servía de cabecera. De Adán y Eva no se sabe nada: lo cual á nadie extraña, porque como nacieron grandecitos, claro está que no mudaron los dientes.

Apuradillo se vió el rey Buby para escribir la carta; pero consiguiólo alcabo, y no sin grande suerte, pues tan sólo llegó á mancharse de tinta los cinco dedos de cada mano, la punta de la nariz ,la oreja izquierda, un poco del borceguí derecho y todo el babero de encajes desde arriba hasta abajo Acostóse aquella noche más temprano que de costumbre, y mandó que dejasen encendidos en la alcoba todos los candelabros y arañas. Puso con mucho primor debajo de la almohada la carta con el diente dentro, y sentóse encima dispuesto á esperar á Ratón Pérez, aunque fuese necesario velar hasta el alba”…

 

Ni duda me cabe, que el Ratón Pérez es… de inspiración prehispánica! …

 

 

 

 

 

 

Escrito por Paco Pérez

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