Este video te muestra como se hacen las calaveritas de azúcar.

Este video te muestra como se hacen las calaveritas de azúcar.

El siguiente video  muestra la elaboración de las Calaveras de Azúcar utilizadas tradicionalmente por motivo del día de los muertos.

Ingredientes:

Azúcar refinada.
Azúcar.
Agua.
Jugo de limón.

Utensilios:

Moldes de barro de diversos tamaños.
Cazo de cobre,
Papel estaño de  colores.
Pasta de diferentes colores, para la decoración.
Pintura vegetal.

Proceso:

Se pone agua y azúcar en el cazo.
Se espera el punto de dulce, 2 hrs. aprox.
Se vacia en los moldes.
Se espera a que cuaje (que endurezca una capa lo suficientemente gruesa)
Se escurre el la azúcar sobrante.
Se deja secar y se desmolda.
Se deja secar 24 horas sobre la mesa para despues empapelar y finalmente decorar.

Foto de portada: Notimex

Te contamos porque es mas importante la “calaverita” que el día de brujas.

Te contamos porque es mas importante la “calaverita” que el día de brujas.

El Día de Muertos se esta diluyendo… va perdiendo fuerza contra la moda del día  de brujas. La prueba está en que los niños ya no hablan de ofrendas y de respeto por lo fieles difuntos, no conocen los detalles de la tradición, pero sí saben que hay que salir disfrazados e ir a pedir dulces.

Ellos ya no salen a pedir  “calaverita” como se hacía antaño, con una caja de cartón recortada en forma de calavera y una vela encendida.  Cuando un niño pedía “calaverita” se acostumbraba darle dinero para que fuera comprar una calavera de azúcar que, en estas fechas, se venden prácticamente en cualquier esquina. Se reunían, hermanos y amigos, para ir a pedirla cuando empezaba a oscurecer.  Originalmente el dinero se utilizaba para comprar una calavera de azúcar, y cuando se juntaba más dinero, se usaba para comprar pan de muerto y otras ofrendas que se ponían en el altar, como las flores, etc.

Pulsa aquí para ver la receta de Pan de Muerto al Pulque. 

La muerte se representaba desde la época prehispánica de diversas formas, como el Tzompantli, que significa “muro, hilera o bandera de cabezas”  Las cabezas exhibidas eran de los individuos sacrificados, la mayor parte de ellos cautivos, Los cráneos generalmente se ensartaban mediante un agujero que se hacía en las sienes.

Los do­cu­men­tos co­lo­nia­les re­gis­tran que el re­cin­to del Tem­plo Ma­yor de Te­noch­ti­tlan con­te­nía ocho tzom­pan­tli, uti­li­za­dos en di­ver­sas ce­re­mo­nias de­dica­das a dei­da­des es­pe­cí­fi­cas du­ran­te el año ri­tual me­xi­ca. Por ejem­plo, en el Io­pi­co tzom­pan­tli, en ho­nor al dios Xi­pe Tó­tec, re­pre­sen­ta­do en folios de los pri­me­ros me­mo­ria­les, po­nían la ca­be­za de los cau­ti­vos in­mo­la­dos du­ran­te la vein­te­na Tla­ca­xi­pe­hua­liz­tli.

Los do­cu­men­tos es­cri­tos y pic­to­grá­fi­cos  de­mues­tran que el es­pa­cio de muer­te in­dí­ge­na, el tzom­pan­tli, era im­por­tan­te en el mi­to y ri­tual de los me­xi­cas. Su sim­bo­lis­mo to­ca te­mas re­la­cio­na­dos con el lu­gar des­ti­na­do a las víc­ti­mas muer­tas…

 

En la tradición del Día de Muertos solo debes de disfrazarte de calavera, conocida popularmente con distintos nombres, como la Huesuda, la Calaca, la Flaca, la Catrina o simplemente la Muerte.

Aunque los festejos de ambas costumbres no coinciden en el calendario,  es común ver una fiesta de Halloween el 1 o el 2 de noviembre en México, cuando en Estados Unidos se celebra la noche del 31 de octubre.

En el interior de la República Mexicana  todavía podemos ver el festejo de los difuntos tal como es: la ofrenda, el
arreglo artesanal de las tumbas, el intercambio del pan con familiares y vecinos, el tender la alfombra de flores para que las animas de los muertos puedan regresar a sus casas, etc.

Por eso es muy importante conservar nuestras tradiciones, explicándole a nuestros hijos cual es el significado del día de muertos y porque debe de hacerse una diferencia entre las dos festividades, sin mezclaras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Créditos:

Fotografías tomadas en el Cementerio de Ocotepec, Morelos. Obsequiadas a este website por el Lic. Alejandro Corral.  Agradecemos el detalle.

Tzompantli, horca y picota. Sacrificio o pena capital, por Emilie Carreón Blaine.
© 2017 Universidad Nacional Autónoma de México,
Revista Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas

El tzompantli en Mesoamérica y las “torres de cabeza” en Asia, por Yolotl González Torres.
Revista Arqueología Mexicana núm. 120, pp. 75-79.

Calaveras contra calabazas  spanishplans.files.wordpress.com  

 

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Los Guerreros Águila – Día de Muertos

Los Guerreros Águila – Día de Muertos

Hace 4,800 años ya se practicaba en México el culto a la muerte. En los 18 meses representados en el Calendario Azteca, se distinguen 6 festejos a la muerte, siendo los dos principales el del noveno mes Miccailhuitontli que significa Fiesta de los niños difuntos y la del décimo mes, Hueymicaihuitl; la conmemoración de los muertos adultos.

Después de la muerte, los hombres quedaban sometidos a destinos diferentes, según lo que habían hecho durante su vida y sobretodo según la manera en que habían muerto. No había un lugar especial para los buenos o para los malos. La vida después de la muerte dependía totalmente de la elección de los dioses; la suerte mas envidiada estaba destinada a quienes habían perecido cumpliendo con los deberes que se les habían encargado al nacer. Los niños que nacían muertos se dirigían al cielo decimotercero, de donde procedían; existía en ese cielo “un árbol de leche” que les daría a los niños el alimento eterno, para su eterna infancia.

Los guerreros muertos en batalla o en la piedra de los sacrificados se volvían “acompañantes del águila”, ósea del sol. Su vida gloriosa estaba hecha de cantos guerreros y de combates. Al cabo de cuatro años eran transformados en colibríes y volvían a la tierra para vivir entre las flores. Las mujeres muertas de parto también formaban un cortejo del sol y también se deleitaban con los cantos bélicos y simulacros de combate. En cualquier caso, de hombre o mujer, un destino excepcional estaba reservado para su vida después de la vida, para aquellos que morían para el sol. El mandato soberano de los dioses del cielo decimotercero hace nacer a un hombre en una fecha determinada y no en otra, decide toda su vida y su muerte, pues esta fecha es la que fija los grandes lineamientos de cada existencia.

 

Los Guerreros Águila, o Caballeros Águila, como se les conoce en ocasiones, eran un cuerpo de infantería de élite que formaba parte del ejército del Imperio Azteca. Los integrantes de esta sociedad guerrera eran miembros de la nobleza o individuos del pueblo llano que se hubieran distinguido por su arrojo en el campo de batalla.

En lengua náhuatl los Guerreros Águila eran conocidos como cuāuhtli.  Selectos guerreros del Sol de élite que componían el ejército azteca. Su nombre deriva del vocablo náhualt cuāuhpilli, que quiere decir “noble águila”, por lo que se les reconocía por las plumas que decoraban su atuendo.

Fueron los guerreros más letales de los aztecas y los más peligrosos enemigos a los que tuvieron que enfrentarse los conquistadores españoles en Centroamérica.

Hoy día, todavía son recordados por su fiereza en la batallas

XileX 777

 

“…y eso decían los antiguos, que cuando morían, los hombres no perecían, sino que de nuevo comenzaban a vivir”

Fray Bernardino de Sahagún.

 

 

 

 

 

 

 

Foto de portada: Wikipedia. 

Este es el hermoso Xoloitzcuintli, el perrito que se lleva a los muertos al Mictlan.

Este es el hermoso Xoloitzcuintli, el perrito que se lleva a los muertos al Mictlan.

Cuenta la historia que entonces descendían al Mictlan, al inframundo “los que morían de enfermedad, ahora fuesen señores o principales, o gente baja, y el día que alguno se moría, varón o mujer o muchacho… ”  Sahagún,  

…y más, hacían al difunto llevar consigo un perrito de pelo bermejo, y al pescuezo le ponían hilo flojo de algodón; decían que los difuntos nadaban encima del perrillo cuando pasaban un río del infierno que
se nombra Chiconahuapan [….] -Dicen que el difunto que llega a la ribera del río arriba dicho, luego mira el perro (y) si conoce a su amo luego se echa nadando al río, hacia la otra parte donde está su amo, y le pasa a cuestas. Por esta causa los naturales solían tener y criar los perritos, para este efecto; y más decían, que los perros de pelo blanco y negro no podían nadar y pasar. Dizque decía el perro blanco: yo me lavé; y el negro decía: yo me he manchado de color prieto, y por esto nos puede pasaros.

Solamente el bermejo podía pasar a cuestas a los difuntos, y así en este lugar del infierno que se llama Chiconaumictlan, se acababan y fenecían los difuntos. Llegaban después delante de Mictlantecuhtli .

La otra parte donde decían que se iban las ánimas de los difuntos es el paraíso terrenal, que se nombra Tlalocan, en el cual hay muchos regocijos y refrigerios, sin pena ninguna; nunca jamás faltan las mazorcas de maíz verdes, y calabazas y ramitas de bledos, y chile verde y xitomates, y frijoles verdes en vaina, y flores.

La cría del xoloitzcuintle: 

Los nahuas, llamaban al perro sin pelo xoloitzcuintli, el más grande de los perros autóctonos, sin pelo, de piel suave y lisa.  Pero habia otros perros, como el chichi o tlalchichi,  xochiocóyotl y telamin o tehuízot~ todas estas clases de perros eran
de varios colores, lisos y manchados; grandes y medianos; unos de pelo largo y otros, corto; de largos hocicos, dientes agudos, orejas cóncavas y pelosas, cabeza grande y corpulentos. Eran mansos y domésticos, con todas las cualidades de nobleza y cariño con las que conocemos a los perros de hoy.

En la época prehispanica había algunas personas que vivían de criar perros.  A los Xolos los hacían dormir cobijados y les untaban una resina llamada óxitl para que se les cayera el pelo,  ya que en la misma camada, algunos nacen con pelo y otros, pelones. Los pelones tienen la particularidad de que les faltan muchos dientes y tienen un grado mas de temperatura corporal, por lo que les es mas fácil sudar, sobretodo del vientre. Estos rasgos se deben a un gen que se transmite a los hijos.

Como su piel es  muy delicada, los nahuas los protegían del sol y del frío untándoles aceite. Tienen hocico aguzado, orejas grandes y puntiagudas (hasta de 10 cm.), como de murciélago, ojos medianos almendrados, desde amarillos hasta negros.
Expresión inteligente y vivaz. Son de colores distintos, oscuros y claros, bronce, gris, negro, a veces con manchas rosadas o café. Casi no ladran ni gimen, por eso se les conoce también como “perros mudos”…

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Créditos: Foto de portada: instagram /elevageduaraisdeschimeres. Texto: El perro como símbolo religioso entre los mayas y los nahuas. Mercedes de la Garza. Dias de muertos en el mundo nahuatl prehispánico. Patrick Johansso

Conoce como nació el Día de Muertos en México

Conoce como nació el Día de Muertos en México

“El culto a la vida, si de verdad es profundo y total, es también culto a la muerte. Ambas son inseparables.
Una civilización que niega a la muerte acaba por negar a la vida”.
Octavio Paz, “Todos Santos Día de Muertos”,
El laberinto de la soledad, 1950.

Las festividades en torno a los muertos se llevan a cabo en 41 grupos étnicos de México, entre los cuales se encuentran los amuzgos, atzincas, coras, cuicatecos, chatinos, chichimecas-jonaz, chinantecos, chocho-popolocas, choles, chontales de Oaxaca y Tabasco, huastecos o teneek, huaves, huicholes, ixcatecos, ixiles, jacaltecos, matlatzincas, mayas, lacandones, mayos, mazahuas, mazatecos, mixes, mixtecos, motozintlecos, nahuas, pames, popolucas, purépechas, tepehuas, tepehuanos, tlapanecos, tojolabales, totonacas, triques, tzeltales, tzotziles, yaquis, zapotecos y zoques.

Muertos y difuntos; y almas, ánimas, espíritus, tonalli, teyolia, ihiyotl…

Generalmente las celebraciones en torno a los muertos se llevan a cabo los últimos días del mes de octubre (del 25 al 30) y los primeros de noviembre (del 1 al 3). Sin embargo, existen poblaciones indígenas en las que dichas festividades llegan a extenderse a lo largo de todo el mes de noviembre, como en el caso de los chontales de Tabasco, o se constriñen a períodos muy reducidos de dos días al inicio del penúltimo mes del año.

Oficialmente, según el calendario católico, el día 1 de noviembre está dedicado a Todos Santos y el día 2 a los Fieles Difuntos. Sin embargo, en la tradición popular de gran parte de la República Mexicana, el día 1 se dedica a los muertos chiquitos o niños fallecidos, y el día 2 a los adultos o muertos grandes. No obstante, se dan una serie de variantes a lo largo del país:     en algunos lugares se dice que el 28 de octubre es el día de los matados, o sea de aquellos muertos en accidente, y que el día 30 de octubre llegan las almas de los limbos, es decir, de los niños que murieron sin ser bautizados. Esta distinción de dos celebraciones de muertos según la edad, proviene de la época prehispánica…

Te invitamos a leer porque pedimos calaverita pulsando aquí.

Fray Diego Durán dice que en el ritual indígena nahua existían dos fiestas dedicadas al culto a los muertos: Miccailhuitontli o Fiesta de los Muertecitos, que se conmemoraba en el noveno mes del calendario nahua, y equivalía al mes de agosto del año cristiano; y la Fiesta Grande de los Muertos, celebrada el décimo mes del año. Estas fiestas, además de dedicarse a los muertos, también eran propiciatorias de la agricultura, ya que en ese mes (agosto para los cristianos) debido al hielo, temían los indígenas la muerte de las sementeras. Para ello se “apercibían con ofrendas y oblaciones y sacrificios”. Durán, pudo observar que el día de Todos Santos ponían ofrenda para los niños muertos, y el siguiente día otra para los difuntos adultos, Las ofrendas consistían en dinero, cacao, cera, aves, frutas, semillas en cantidad y “cosas de comida”…

Para saber el significado que  tienen actualmente las ofrendas, puedes ver “El Altar de Muertos y su Significado” 

Seguir leyendo…

 

 

 

 

 

 

 

Créditos:

Patrimonio Cultural y Turismo. Cuadernos 16
La festividad indígena dedicada a los muertos en México
Derechos reservados
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes

Los Aztecas, los Mexicas y la Gran Tenochtitlan.

Los Aztecas, los Mexicas y la Gran Tenochtitlan.

Cuenta la leyenda que a principios del siglo XII, un grupo de guerreros abandonaron un lugar llamado Aztlán, en busca de la tierra prometida. Eran conocidos como una tribu guerrera nómada de cazadores y recolectores que provenían de la región semi-árida del norte de México. Iban guiados por su dios patrono, Huitzilopochtli. El nombre de Aztlán dio origen al gentilicio. En náhuatl, aztecatl es el singular y aztecah, el plural. Hispanizado es azteca y aztecas, respectivamente.  Según las crónicas, Tenoch nació en el año de 1299 d. C. y murió en 1363 d. C. En náhuatl su nombre significa “Tuna de piedra”. Este personaje es conocido por ser el guía de la tribu proveniente de Aztlán, tanto en su peregrinar como en su asentamiento.

Tras una larga búsqueda, Tenoch y su tribu encontraron la señal que Huitzilopochtli les había prometido: Un águila posada sobre un nopal devorando una serpiente. Esta señal les indicaría el lugar preciso en el que debían fundar su ciudad. De acuerdo con Alvarado Tezozomoc, cuando los aztecas caminaban en busca de la tierra prometida, su dios patrono Huitzilopochtli -también conocido como Mexitli- les dijo: “Ahora no os llamaréis aztecas, vosotros sois mexitin”   de ahí proviene “Mexicah”   (castellanizado como “Mexicano” ) y les pidió que se colocaran como distintivo una pluma blanca sobre las orejas.

Era el año 1325 de nuestra era cuando fundan la Gran Tenochtitlan sobre un islote ubicado en uno de los tres lagos que conformaban la Cuenca de México. Según algunas fuentes, entre ellos no se conocian como mexicanos. sino como “Tenochas” ( Matos Moctezuma). Es en honor a este primer tlatoani que se nombra la ciudad: Tenochtitlan, que significa “lugar de Tenoch”.

Se estima que la población al momento del primer contacto europeo era, aproximadamente, de 200 mil habitantes. En esa época Sevilla contaba con menos de 50,000.   Al centro de la ciudad se ubicaba el recinto sagrado formado por templos y palacios. Entre estos destaca el Templo Mayor dedicado a Tláloc, “dios” de la lluvia y a Huitzilopochtli, “dios” del Sol, considerado por los “aztecas” como dios protector. La ciudad se encontraba dividida en cuatro secciones a partir del Templo Mayor y limitadas por grandes calzadas que se conectaban con tierra firme. Cada sección, a su vez, se encontraba dividida en barrios llamados Calpulli, en los que se organizaba cierto número de familias. Cada Calpulli era relativamente autónomo de los otros; tenía sus propios símbolos sagrados, fiestas y tierras exclusivas para la producción. También contaba con edificios habitacionales, edificios administrativos y comunales en los que se incluye un templo y una escuela.

Estaba compuesta de hermosos jardines, espléndidos palacios y grandes edificios cuyos acabados en blanco contrastaban con el verde-azul de los lagos. Era impresionante la pulcritud de sus palacios, los gigantescos monumentos y grandes mercados, la variedad de productos que ahí existían, así como las ceremonias y la gran cantidad de actividades desarrolladas en sus calles y plazas…

Domesticaban aves y animales, como el guajolote, loros y diversos tipos de perros, como los Xolos… 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:

Los Aztecas y la Gran Tenochtitlan. Fundación Cultural Armella Spitalier
www.fundacionarmella.org Aglutina Editores.

Libro ATLAS ETNOGRÁFICO de los Pueblos de la Ciudad de México

Libro ATLAS ETNOGRÁFICO de los Pueblos de la Ciudad de México

PORTADA; Áreas étnicas antes de la conquista. Xaltocan, que aparece como mexica —originalmente otomí— fue capturado por los tepanecas y se convirtió en una locación calpixqui acolhua bajo Netzahualcóyoll. La extensión mexica hasta la provincia de Chalco no aparece. La región culhua es el rectángulo estrecho (verde oscuro) con Culhuacan en el centro. Fuente: Gibson (1987: 19)
El propósito de este Atlas etnográfico, es dar a conocer una parte de la rica diversidad de expresiones culturales de los pueblos indígenas que, a lo largo de la historia mexicana, han persistido en las entrañas mismas de la capital del país. Este trabajo forma parte de la serie editorial Divulgación y constituye un resultado del Proyecto Nacional de Etnografía de las Regiones Indígenas de México en el Nuevo Milenio que lleva a cabo la Coordinación Nacional de Antropología del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Esta obra parte de considerar a los pueblos originarios de la Ciudad de México como unidades sociales portadoras de una singular identidad conformada por su tradición histórica, territorial, cultural y política. La resistencia de estas identidades les ha permitido conservar la categoría de pueblos a pesar de los cambios ocasionados a lo largo de cinco siglos por el crecimiento urbano a su alrededor. Con base en esta definición seleccionamos los ejes temáticos más representativos de la región, mismos que conforman la estructura seguida en los textos por los profesionales convocados, quienes generosamente ofrecieron su tiempo para compartir sus conocimientos con los lectores.
Los trabajos que integran este Atlas fueron escritos por destacados estudiosos especializados en temas particulares de las culturas del Valle de México, y se dividen en tres tipos:
1) Los estudios básicos, que son predominantemente históricos y etnográficos y conforman el núcleo de la obra.
2) Los ensayos, en donde un tema específico se analiza con un enfoque teórico particular, para lectores más avanzados.
3) Los recuadros son trabajos breves que resaltan un aspecto cultural concreto retomado de los textos antes mencionados
y que los enriquecen etnográficamente. Cada parte se relaciona con las demás, pero al mismo tiempo son textos que se pueden leer de manera independiente.
El primer estudio básico, “Los pueblos originarios en los albores del siglo XXI describe a los primeros pueblos y cuál es su lugar en el México contemporáneo.
El segundo, “Origen y fundación de la Ciudad de México y sus pueblos”, ofrece un contexto general de su historia, desde la época prehispánica, y la relación entre los pueblos y la Ciudad de México hasta principios del siglo XIX; ambos textos fueron escritos por la coordinadora del Atlas, Teresa Mora Vázquez.
En el tercero, “Los pueblos originarios y el inexorable  avance de la mancha urbana”, escrito por Héctor Ortiz Elizondo, se retoma la temporalidad del estudio anterior, para hacer una breve descripción de la transformación territorial del Distrito Federal, la Ciudad de México y sus pueblos, durante los siglos XIX XX 

Descargalo pulsando aquí.

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