Desde la antigüedad nuestros antepasados convivían con el cacomixtle ( del náhuatl  «Tlacomiztli»,  de tlaco que significa “medio, mitad” y miztli  “felino” ), un animal cuyo nombre significa literalmente ‘medio-felino’ por su parecido anatómico con pumas y jaguares, aunque más pequeño y con cola de mapache, conocido por su astucia y hábitos nocturnos. A pesar de su nombre prehispánico, este animal no tiene relación con los felinos, sino con los coatíes.

En México existen dos especies: el cacomixtle norteño (Bassariscus astutus) y el cacomixtle (Bassariscus sumichrasti). El primero se extiende desde los estados de Oregon, California y Texas hasta el centro de nuestro país, mientras que el segundo abarca estados más al sur como Guerrero, Veracruz y la Península de Yucatán, pasando por Centroamérica hasta Panamá.

Ambas especies se distinguen por su distintiva cola anillada que es más larga que su cuerpo, así como sus grandes ojos rodeados por manchas de pelaje más claro. Son más pequeños que un gato doméstico, pues su cuerpo mide entre 30 y 40 centímetros aproximadamente, mientras que su cola suele ser un poco más grande y medir entre 31 y 44 centímetros. Difícilmente llegan a pesar más de un kilo y medio.

Otra de sus características distintivas es su capacidad para girar su tobillo más de 180 grados, lo cual los ayuda a trepar y desplazarse entre los árboles donde pasa la mayor parte de su tiempo alimentándose de frutas, bayas, insectos, así como pequeños reptiles, roedores y pájaros, principalmente durante la noche. A su vez es acechado por búhos, zorros, coyotes, mapaches y linces, sus principales depredadores.


Estos pequeños omnívoros emiten una gran variedad de sonidos, incluso cliqueos, ladridos y chirridos que recuerdan a los del mapache. Al alcanzar la madurez, usualmente a los diez meses de edad, se alejan unos de otros y llevan vidas solitarias. Sólo se reúnen para aparearse durante la primavera.

Después de un periodo de gestación que dura entre 45 y 50 días, suelen tener entre dos y cuatro cachorros que tardan un mes para abrir los ojos y cuatro meses para comenzar a cazar. Antes de esto dependen enteramente de sus madres. Su esperanza de vida es de aproximadamente siete años.

Algunas personas cazan a estos animales por sus pieles o los capturan para tenerlos como mascotas, pues creen que puede equipararse con los gatos y mantener las casas libres de roedores, pero lo cierto es que al tratarse de especies silvestres están protegidos por las leyes mexicanas y no se recomienda convivir con ellos pues pueden ser portadores de enfermedades infecciosas.

Sin embargo, su peor amenaza es la destrucción y contaminación de los bosques que habita, por lo cual Pronatura México ha emprendido acciones como el Programa Nacional de Reforestación y Cosecha de Agua, que a la fecha ha permitido reforestar 63 mil 840 hectáreas mediante la plantación de 74 millones 299 mil 161 árboles, gracias a la alianza con Coca-Cola y dependencias como la Comisión Nacional Forestal y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto: Pronatura

Foto de portada: Oswaldo Matú

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