Durante pocos días de mediados del mes de mayo, en una cueva de la zona arqueológica de Xochicalco confirmada como un observatorio astronómico, queda plasmado el paso cenital del sol, a través de un ducto que forma el orificio de una chimenea construida de forma hexagonal, ubicada hacia la parte exterior de la zona norte de la ciudad prehispánica. El haz de luz que ilumina el interior del observatorio es un espectáculo visual que nos invita a reflexionar sobre la relación del hombre y los astros.

Foto: inah.gob.mx

Xochicalco es un ejemplo de la época conocida como Epiclásico (700-900 d. C.) caracterizado por el surgimiento de ciudades en el centro de México tras el declive de la urbe teotihuacana y el vacío de poder dejado por ésta. Este período está caracterizado por una serie de eventos que dan paso a la fundación de Tula, tras una serie de migraciones de grupos habitantes del centro de México. Hecho que coincide con el abandono de los sitios del norte de Mesoamérica y el colapso de las ciudades mayas de las tierras bajas del centro y del sur. Se ha sugerido que estos eventos propiciaron en Xochicalco la llegada de varios grupos provenientes de diferentes lugares de  la región Mesoamericana. Los relieves de las serpientes emplumadas en el templo del mismo nombre sugieren influencias Teotihuacanas y Mayas. Por otro lado su posición en lo alto de una montaña, al igual que otros centros poblacionales de esa época, sugiere un período de conflictos bélicos entre ciudades con pequeños territorios, ante la ausencia de una urbe hegemónica, sin embargo esta interpretación ha sido refutada recientemente en favor de los elementos simbólicos y territoriales cerro, agua, asentamiento.

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Foto: Xochicalco: Museo de Sitio / Slideshare

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