Su representación tridimensional mas antigua fué encontrada en Tlapacoya, Estado de México; una figurilla de barro que se cree data del año 1000 A.C.. Los códices mesoamericanos lo relacionan al trazo y cruce de caminos, al juego de pelota, a la decapitación  a las ceremonias del año nuevo, a la luna y al pulque. Vestido con piel de jaguar,  fue divinizado desde la antigüedad por los pueblos indígenas.

Tlacuatzin mejor conocido como tlacuache,  (clacuache o tacuacín)  el único marsupial de mesoamérica y árido-américa, es endémico de Mexico, habita desde el estado de Sonora hasta Yucatan, mas comúnmente por debajo de los 1000 msnm. Se ha esparcido a casi todo el continente americano.  Construye sus nidos a partir de hojas secas y pequeñas plantas. Algunas especies pequeñas pueden medir solo algunos centímetros en estado adulto y vivir en nidos deshabitados de pequeñas aves, otras pueden ser tan grandes como un castor. En estado salvaje, se alimenta principalmente de insectos, lagartijas, pequeños roedores, huevos de aves, y algunas frutas como coco, plátano  naranjas, higos. Por las noches, es común encontrarlo en zonas urbanas husmeando en los basureros de las casas. Duerme durante el  día.

Es claro que, hoy día es conocido en todo el mundo, llego a Europa escondido entre la mercancía de los Galeones del Siglo XVI y en América ha extendido su territorio a todo el continente, desde Canadá hasta la patagonia.

El «manicou» conocido así en Islas del Caribe — Antigua, Grenada, Dominica y Trinidad —  es un platillo muy apetecido que aseguran sabe a pollo.  Aunque el animal se encuentra protegido por la ley, por estar en peligro de extinción.


Otros nombres:  zarigüeyas, zorro cola pelada, en El Salvador le llaman «tacuazín»; en Nicaragua les llaman «zorro cola pelada»;  en Costa Rica son «zorros» y en los Estados Unidos se le conoce como  «opossum«.

Tlacuache


Las representaciones de este animal son escasas y se trata siempre de un personaje que porta una cabeza de tlacuache, , mamífero que se asocia con la serpiente y las flores. Esta pieza es excepcional debido a que la cara del hombre es visible a través de la boca abierta del animal. El personaje, quizás un sacerdote, porta una prenda que le cubre los hombros y el pecho, y sobre la misma un grueso cordel sostiene un pectoral con el glifo del Cocijo dios de la lluvia y el trueno; destacan un cinto del que cuelgan caracoles y las rodilleras de semillas.

Procedencia: Entrada de la tumba 124 de Monte Albán.
Cronología: Clásico Tardío, Monte Albán IIIB – IV, 500 – 800 d.C.

Información original del Museo Nacional de Antropología

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