PROLOGO.

Siendo nuestro idioma azteca tan hermoso y el que por mil títulos todo mexicano debía tener en grande estima, muy doloroso es considerar la fría indiferencia con que muchos le miran, y lo que es peor todavía, el desprecio que de él hacen, sin tener en cuenta que es el idioma de nuestros aborígenes, el idioma de nuestra nación azteca, y muchos, (la inmensa mayoría) aun cuando se avergüencen de su prosapia y por más que la disimulen, con pocas excepciones relativamente son lo que son, su linaje viene de la clase indígena; de consiguiente, indios son é indios serán hasta que se mueran.

Luego si somos indios ¿de qué nos avergonzamos? ¿acaso es un crimen el ser indio? no, indudablemente, y sí lo es el aparentar lo que no es, por más altos que sean los puestos que ocupe, por grandes que sean los honores que le rodean, por basta que sea su ilustración y por inmensas que fueren sus riquezas; pues esto quiere decir que es un indio muy elevado, un indio muy honrado, un indio muy ilustrado y un indio bastante rico. Así es que no debe despreciar el idioma nativo sino amarlo, y todo buen mexicano debe hacer que sus hijos lo conozcan para que sepan apreciar el idioma de nuestros padres, la lengua primitiva de nuestro bendito suelo. Ahora bien, como no cabe duda que lo que más ha contribuido á este abandono es la falta de obras propias del caso, esto me hizo pensar en lo útil que sería una obra de esta naturaleza, por cuyo motivo me resolví á hacer la reimpresión del vocabulario azteca del R. P. Fr. Alonso de Molina, que es el mejor y más extenso, en la forma que hoy lo presento, esto es, escrito con corrección, aumentado con voces de actualidad, (para los que quisieren usarlas) y todo puesto en riguruso orden alfabético, evitando con esto la confusión por el desorden con que está escrito el antiguo. Es decir, que la obra se compone de gramática que va al principio, la del sabio Jesuíta D. Ignacio de Paredes que, como más extensa dará más luces á los que quisieren dedicarse al conocimiento de esta lengua; en seguida va el vocabulario entero y al último las cuentas, para que en un solo tomo se tenga lo relativo al idioma, y este tomo sea manuable, para que pue da acompañar á la persona donde quiera que fuere. Sobre todo, lo que más me movió á emprender este laboriosísimo trabajo, fué lo si- guiente: A raíz de la publicación del Concilio Plenario Latino Americano, leyéndolo un día, me encontré en dos capítulos distintos la disposición de este Concilio, en la que recomienda con encarecimiento á los Illmos. Mitrados que, entre su clero, y en sus Seminarios se cultive el idioma (el azteca, y lo mismo se entiende del otomí, maya, y los que se hablan en la República) pira la mejor administración de los Santos Sacramentos. (*) Naturalmente la primera idea que tuve fué, la imposibilidad de cumplir con estas disposiciones por no haber libros ad hoc, dificultad que efectivamente rayaba en lo imposible por ser una rara coincidencia adquirir una obra antigua, y esta en muy elevado precio. Repito, todo esto me hizo resolver á emprender estos trabajos, sacrificando á Dios de buena voluntad mi tiempo v mi salud, pues desde luego me propuse hacer un bien á los Sres. Sacerdotes, un bien á nuestra clase indígena, un bien á mi amada Patria, empresa que no dudo bendecirá Nuestro Señor. En mi humilde concepto, no habiendo libros, creo que los Sres. Sacerdotes, especialmente los que por designación de la Iglesia son constituidos pastores de almas, tendrían excusa delante de Dios por que nadie está obligado á lo imposible, y de aquí venía el no poderme explicar cómo pudieran cumplirse las disposiciones del Concilio sin los elementos indispensables, pero ya que esos elementos existen, menos podré explicarme cómo puedan tener excúsalos eclesiásticos, •ni cómo podrán los Señores Curas salvar una tremenda responsabilidad de conciencia en cuanto al terminante precepto del Señor, Pasee oves meas, si son indiferentes á su instrucción en esta materia. No faltará quien alegue razones en contrario; pero á estas opondré la única y más poderosa de todas, la del P. S. Agustín: «Roma locuta est, causa finita est, > porque no sólo debemos ocuparnos de aquellas cosas que se conforman con nuestras ideas, siempre que estas sean rectas, sino principalmente de lo que más se relaciona con los deberes de conciencia. También habrá quien argua que, los Sres. Canónigos, los Sres. Curas y Capellanes de la ciudad, no salen al ministerio y en esto estamos de acuerdo, pero ¿quién puede asegurar á los segundos que no saldrán nunca? y los primeros, ¿cómo podrán saber que nunca se les presentará un indígena pidiendo se le confiese? ¿po- drá en éste caso quedar tranquilo, despachándolo sin prestarle el ser- vicio que solicitaba descansando en que no sabe el idioma? y si ese pobre estaba empedernido y se resolvía en un momento dado por los llamamientos de la gracia, á descargar su conciencia con el mismo, porque de corazón le nacía y no con otro, ¿qué resultaría? que su fal- ta de cultura le haría pensar, no en que se ignoraba el idioma, sino en que no se le quiso servir, y los Sres. Sacerdotes saben lo que de esto se sigue. Esto mismo puede acontecer con cualquiera que no conozca el idioma, y por lo mismo, vale más prevenir el caso. Es este ciertamente muy remoto, pero también muy posible y aun cuan- do se tratara de un solo caso y por una sola vez, se trataría de una alma, y esta vale lo que vale. Por último, D. N. S. me inspiró la idea de emprender estos trabajos, él me iluminó, y él venciólas dificultades por mí, hasta llevar la obra á feliz término, por lo cual sea bendito su Sto. Nombre. Quiera su Majestad que con esto pueda prestar un servicio provechoso á los Sres. Sacerdotes, á cuyas piadosas oraciones se encomienda este su más pequeño servidor que les venera, en J. y postrado besa su mano.

FR. RUFINO M. GONZÁLEZ. O. F. M.

Compendio del arte de la lengua mexicana
Por: Carochi, Horacio, d. 1662;

Otras ediciones: Paredes, Ignacio de, b. 1703; González y Montoya, Rufino M.;
Molina, Alonso de, d. 1585
Esta edición publicada: 1910
Tema: Idioma Náhuatl/Mexicano

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