El conjurador se sitúa en el lugar mítico propicio para el amor (el lugar del cerro del espejo, el lugar del encuentro) para clamar por mujer. Se gloria de contar con el auxilio de su hermana Xochiquétzal, que pudiera ser, más que la diosa que acude en su auxilio, un instrumento mágico para atrapar. Desconfía de la debilidad de la mujer deseada, considerándola posible diosa; insta a que se realice lo apetecido de inmediato; se da nombres y atributos divinos, blasonando su origen; repite fórmulas, y termina en tropos muy oscuros. Es de los conjuros más difíciles de entender. El texto está
mutilado por el excesivo escrúpulo del colector.

En el lugar del cerro del espejo, en el lugar del encuentro,
yo llamo mujer, yo canto por mujer.
Aquí me aflijo; vengo a afligirme.
Ya llevo a mi hermana mayor, Xochiquétzal,
con una serpiente se viene cubriendo,
con una serpiente se viene ciñendo,
viene atándose los cabellos.
Ya ayer, ya pasado mañana
con ella lloro, con ella me aflijo.
Tal vez sea verdadera diosa,
tal vez sea verdadera potentada.
¿Acaso hasta mañana? ¿Acaso hasta pasado mañana?
En seguida, ahora.
Yo mismo, yo soy el joven,
yo soy el enemigo,
también irradié, también hice amanecer.
¿Acaso vine a cualquier parte?
¿Acaso en cualquier parte salí?
Allí fui, allí salí …
Tal vez sea verdadera diosa,
tal vez sea verdadera patentada.
¿Acaso hasta mañana, acaso hasta pasado mañana la veré?
En seguida, ahora.
Y o mismo, yo soy el joven, yo soy el enemigo.
¿Acaso soy en verdad el enemigo?
En verdad no soy el enemigo:
sólo soy el dado a las mujeres

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente:  Hernando Ruiz de Alarcón “Conjuros médicos” p. 145
Textos de medicina náhuatl  – Alfredo López Austin

Nuesta hermosa foto de portada viene de «Las maneras muy mexicanas (y efectivas) de curar un corazón roto»
Escrito por Miranda Guerrero, en bienmexa.com date la vuelta…

 

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