La Atadura de los Años o xiuhmolpilli, se representaba metafóricamente como un atado de cañas. Cuando finalizaba uno de tales ciclos, se decía que “se ataban los años” y se iniciaba un nuevo período o siglo, celebrándose entonces la magna festividad del Fuego Nuevo. Cada ciclo o ¨siglo azteca¨ duraba 52 años.

Como otras culturas mesoamericanas, la cultura náhuatl había cautivado el tiempo en una red calendárica que constaba esencialmente de tres “cuentas”: el xiuhpohualli “cuenta de los años”, el tonalpohualli “cuenta de los destinos” y el cempoallapohualli “cuenta de las veintenas”. El xiuhpohualli consignaba series de cuatro años: ácatl, “caña”, técpatl “pedernal”, calli: “casa”, y tochtli “conejo”, correspondientes a los puntos cardinales, que se repartían 13 veces hasta llegar a 52 años. Se consideraba también este cómputo como cuatro trecenas de años encabezadas cada una por un año específico que sumaban 52 años. Se efectuaba entonces la “atadura de años”: xiuhmolpilli, y se sacaba el fuego nuevo sobre el pecho abierto de la víctima sacrificada. Aun cuando culminaba a los 52 años y que todo, entonces, comenzaba de nuevo, el xiuhpohualli representaba de cierta manera una “cuenta larga” ya que trascendía los límites del ciclo de 52 años y registraba los años de manera generalmente lineal. .- PATRICK JOHANSSON K.

El  xiuhmolpilli que presentamos en la foto de portada está directamente vinculado con la que tuvo lugar en 1507, durante el mandato de Moctezuma II. Se encuentra actualmente en el Museo Nacional de Antropología e Historia.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Créditos:  Exposición (TEMPORAL) de Moctezuma II  en Museo Templo Mayor, Ciudad de México