Finales de abril de 1519. Cacao y vino, tortilla y bizcocho, fueron los primeros intercambios de alimentos entre los expedicionarios de Hernán Cortés y los embajadores de Moctezuma.

¿Qué necesitaba comprender Moctezuma de los recién llegados? Antes que nada, verificar si Cortés era Quetzacoátl. Para ello ordenó preparar en secreto ricos alimentos y presentes compuestos de joyas de oro, piedras preciosas y plumajes.
Desde un peñasco, a señas, indicaron a los tripulantes del barco, sus intenciones de darles aquellos regalos. Cortés envió entonces en una lancha a cuatro soldados para empezar los primeros intercambios.

Cortés y sus hombres probaron la comida y, según narra Durán, lo que más agrado les causó fue el cacao. Como deferencia, Cortés también les compartió algunos de los alimentos a bordo. A diferencia de los manjares preparados por órdenes de Moctezuma, Cortés sólo pudo compartir el menú típico de un marinero: les ofreció bizcocho, un pan cocido dos veces para garantizar su duración durante el trayecto, tocino, pedazos de tasajo y como bebida vino. Del bizcocho guardaron un pedazo para mostrárselo a Moctezuma y del vino encontraron tan agradable sabor que no pudieron bajar del barco hasta el día siguiente. Al encontrarse de nuevo con Moctezuma, los emisarios le contaron lo que habían visto y le dieron el pedazo de pan.

 


 

 

 

 

 

 

 

Fragmento tomado de «Un encuentro con cacao y vino: los emisarios de Moctezuma suben al barco de Cortés, México»  por Flor Trejo Rivera, Guadalupe Pinzón Ríos,  Noticonquista, noticonquista.unam.mx.

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