Hapunda, la princesa de la isla de Yunuén, era excepcionalmente bella y gentil. Llegada su fama a oídos de unos invasores chichimecas, se proponen raptarla y entregarla a su propio rey. Los hermanos de la princesa le ofrecen defenderla, pero ella sabe que el ejército enemigo es mucho más poderoso, de modo que decide escapar y contarle su drama al lago de Pátzcuaro, que es su novio. Éste le aconseja que se sumerja en sus aguas y se unan así para siempre. Luego de hacerlo, Hapunda renace en forma de garza blanca y vive en el lago al que adorna y del que se nutre.

Comentario:

“Hapunda”, en purépecha antiguo, significaba lago o laguna. Hoy, el vocablo correspondiente es “Japunda”. En la referida leyenda el nombre se da a la princesa que se convierte en garza, y no al cuerpo de agua, que es el de “Pátzcuaro”. En otra leyenda michoacana del mismo nombre, la que se refiere al origen del lago de Cuitzeo, tampoco se le llama Hapunda al cuerpo de agua, sino a una princesa, tan bella como una flor, quien al llorar la muerte de su amado, el colibrí, da origen a dos ríos que ulteriormente forman el dicho lago.
‘No es éste el único caso en que dos leyendas distintas llevan el mismo nombre, si bien es de observarse que las dos que aquí aparecen (la segunda sólo como referencia en este comentario), pertenezcan a lugares muy cercanos. El hecho encontraría explicación por cuanto el nombre de ambas se refiere genéricamente a los lagos o lagunas y no a ninguno de ellos en particular.

 

 

 

 

 

Fuente:

Leyendas del Agua en México
Razón y Palabra, vol. 11, núm. 53, octubre-noviembre, 2006
ISSN: 1605-4806 / González, Andrés
Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
Estado de México, México
http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=199520728023